Ya estamos acostumbrados a escuchar que si un amigo, un vecino, ha reclamado al banco o a cualquier otra entidad prestamista por las llamadas cláusulas abusivas. Cláusulas abusivas que se incluyen en los contratos que se firman por parte del consumidor sin entender bien qué es lo que se está firmando y sin que esa cláusula sea clara.
En la mayoría de ocasiones lo que ocurre es que son cláusulas que van dentro del contrato y la entidad con la que se está firmando no ofrece la opción de sacarlas del contrato. Es decir, que son cláusulas que se incluyen de manera forzada y sin ellas no se puede firmar el contrato por parte del consumidor. Este tipo de cláusulas también podemos encontrarlas en contratos firmados con el gimnasio de la localidad donde el consumidor reside o al suscribirse a una plataforma digital por ejemplo.
Una de las cláusulas más habituales en este tipo de contratos es la cláusula de permanencia por la que se obliga al consumidor a permanecer un tiempo determinado sin que pueda rescindir el contrato a su antojo. Estas cláusulas han sido declaradas abusivas y nulas por los tribunales españoles en cantidad de procedimientos judiciales.
También podría ser abusiva una cláusula por la que se prorroga el contrato automáticamente sin información clara, es decir, que te obligue el gimnasio a continuar un año más por ejemplo sin haberte informado antes de ello o sin el conocimiento del consumidor.
Lo primero que se recomienda hacer es consultar las condiciones o cláusulas que se firmaron al principio. Si no se tiene ese documento o el gimnasio en concreto comunica al consumidor que no existe tal contrato o documento, se recomienda acudir a un despacho de abogados especializado que ayude a ese consumidor.
La entidad que gestiona ese gimnasio tiene la obligación de informar al consumidor de las condiciones al contratar sus servicios. Una vez confirmado que existen cláusulas o condiciones que se podrían considerar abusivas se debe realizar una reclamación amistosa frente al gimnasio solicitando la anulación de esa cláusula o la devolución de lo que se haya cobrado indebidamente.
Si tras el intento de una solución amistosa no se llega a ningún acuerdo en el que tanto el consumidor como la empresa queden satisfechos, se abre la opción de que el consumidor inicie un procedimiento judicial.
Hay que tener presente que será muy importante que el consumidor disponga de todos los documentos o medios de prueba para su reclamación. Estos medios de prueba pueden ser los recibos del gimnasio, el abono de una cuota o de unos servicios que finalmente no han sido satisfechos por la empresa, entre otros.
Este tipo de plataformas también pueden contener cláusulas abusivas en sus contratos. Contratos que se firman y aceptan con un simple clic a la hora de aceptar la suscripción y el abono de la mensualidad o anualidad. Como en los contratos con los gimnasios o cualquier otro contrato con consumidores, una cláusula que imponga una penalización por cancelación anticipada será abusiva en la mayoría de los casos.
Como el hecho de cobrar una suscripción tras una prueba gratuita, que si se ejecuta sin haber informado claramente al consumidor y de manera totalmente transparente, será abusivo. Esta abusividad conllevará a la obligación por parte de la entidad de reintegrar lo abonado indebidamente.
Aunque no es muy común en ese tipo de plataformas de productos audiovisuales, se puede dar el caso de que el consumidor contrate y acepte los términos en una web por la que está navegando, sin llegar a ser consciente de ello. Este tipo de actuaciones es totalmente abusivo, el consumidor no sabe que está contratando y cree que simplemente está viendo las condiciones para valorar si contratar o no.
En estos casos el consumidor puede dirigirse directamente al responsable de esa web para reclamar el reembolso de lo que se ha cobrado con absoluta ignorancia del consumidor. En estos casos puede ser difícil hasta localizar contra qué entidad se debe reclamar, por ello es aconsejable acudir a un despacho de abogados que haga ese camino mucho más fácil para el consumidor.
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